En este artículo vamos a entender las principales causas que provocaron la guerra civil española.
Como antecedentes históricos, en agosto de 1930, republicanos y otras fuerzas opositoras firmaron el Pacto de San Sebastián. Su objetivo era coordinar esfuerzos para poner fin a la monarquía y establecer una República.
El 12 de abril de 1931 se celebraron elecciones municipales. Aunque el conjunto del país votó de forma diversa, en la mayoría de capitales de provincia ganaron candidaturas republicanas. Esto se interpretó como un rechazo a la monarquía: el rey Alfonso XIII abandonó España y, el 14 de abril, se proclamó la Segunda República.
Factores que llevaron a la guerra
- Ese mismo año, la Constitución de 1931 definió un Estado laico; sentó las bases de reformas como la descentralización política y la reforma agraria.
- Con este punto de partida, analizaremos las principales causas de la guerra civil española, según las seis dimensiones de la escuela de los Annales.
- En lo geográfico: España presenta gran variedad climática, aunque en gran parte del interior domina un clima mediterráneo continentalizado, con precipitaciones medias anuales de entre 400 y 600 mm, y una altitud media de unos 650 metros. Esta altitud y el relieve limitan la superficie cultivable y, junto a las escasas precipitaciones, condicionan los cultivos posibles. Ya que en la España de la primera mitad del siglo XX, el retraso tecnológico hacía que estos factores geográficos condicionasen fuertemente qué se producía y en qué cantidad, traduciéndose en bajos rendimientos agrícolas.
- En lo económico: la baja productividad agrícola suponía una oferta limitada. Como los alimentos son bienes de primera necesidad y su demanda es poco elástica, un aumento de precios no reducía su consumo. El resultado: encarecimiento de los productos básicos, lo que golpeaba con fuerza a la población más pobre.
- En lo social: las rentas de jornaleros y obreros eran muy bajas, y el alza de precios agravaba su situación. Además, la mayoría no tenía acceso a la propiedad de la tierra, concentrada en manos de grandes terratenientes.
En lo político: el gobierno de la República impulsó reformas para modernizar el país. Entre ellas, la reforma agraria, que buscaba redistribuir tierras; la reforma militar, para reducir un ejército sobredimensionado y alejar a oficiales hostiles al régimen; y la reforma educativa, ampliando la enseñanza pública y limitando la influencia de la Iglesia.
También promovió la descentralización, con el Estatuto de Autonomía de Cataluña en 1932, y estudió otros proyectos similares para otras regiones. Esto generó un fuerte rechazo en sectores conservadores que temían que España se rompiera como Estado.
En lo mental y cultural: estas políticas fueron aplaudidas por las clases populares y sectores progresistas, pero provocaron la oposición de terratenientes, parte del ejército y de amplios sectores católicos, que veían amenazadas sus creencias y privilegios.
En la larga duración: la estructura desigual de la propiedad de la tierra, heredada de siglos anteriores, y la fuerte influencia de la Iglesia en la educación y la vida social, fueron factores arraigados que condicionaron el conflicto y explican su enorme polarización.
A esto se sumaba el recuerdo de la experiencia federalista de la Primera República en 1873. Por ello, parte de los conservadores asociaban la República con caos político y riesgo de fragmentación territorial, lo que alimentaba su rechazo a la descentralización republicana de 1931 y su defensa de la monarquía como garantía de unidad y orden.
Además, en el contexto internacional, la III Internacional Comunista impulsaba movimientos obreros y revolucionarios que influían en sectores de la izquierda española, mientras que el ascenso del fascismo en Italia y Alemania inspiraba a sectores de la derecha más autoritaria. Esta confrontación ideológica global intensificó el enfrentamiento interno y redujo las posibilidades de consenso.
Entre 1933 y 1936, en el llamado “bienio conservador”, muchas de las reformas se ralentizaron o se revirtieron. Pero en febrero de 1936, el Frente Popular ganó las elecciones con un ajustado 47% frente al 46% del Bloque Nacional.
La escasa diferencia de votos y la radicalización de posturas en “las dos Españas” fueron el detonante de un golpe de Estado en julio de 1936, que fracasó parcialmente y desembocó en una guerra civil que marcaría la historia contemporánea de España.

La Guerra Civil Española fue el resultado de una combinación explosiva de factores: un territorio con limitaciones geográficas para la producción agrícola, una economía marcada por la baja productividad y la desigualdad, un profundo malestar social por la concentración de la tierra, tensiones políticas derivadas de las reformas republicanas y una fuerte división cultural y religiosa.
Todo ello, sumado a una memoria histórica de conflictos pasados, a la influencia de ideologías enfrentadas a nivel global —como el comunismo y el fascismo—, y a un contexto internacional polarizado, convirtió las diferencias políticas en un enfrentamiento armado.
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